Hoy empecé mi día con una noticia triste, que espero pueda tener un final feliz. Ken Cole, un amigo y compañero mío en el MBA que hicimos en Richard Ivey School of Business se encuentra en estado crítico en la unidad de cuidados intensivos, víctima de un cáncer que hizo metástasis y que lo tiene entre la vida y la muerte.

Aunque compartí muy poco tiempo con Ken, fue suficiente para conocerlo a fondo. Ken es una persona especial, que no se rinde ante ningún reto y que por el contrario, se agranda cuando el reto es mayor. Tengo la certeza y la esperanza de que así como ha afrontado su vida, esté afrontando esta prueba tan dura, decisiva y dolorosa.

Recuerdo, por ejemplo, que solíamos jugar squash juntos. La primera vez que lo hicimos, lo vencí con relativa facilidad. En medio del juego, me advirtió que me daría una paliza si no daba lo mejor de mí en la cancha para vencerlo. Yo, por supuesto, hice lo que tenía que hacer: exigirlo al máximo por cada punto en juego. Lo hice por dos razones: la primera, me tomé muy en serio la advertencia de Ken, no solo por la forma en que me lo dijo, sino por su tamaño. Si mal no recuerdo me llevaba al menos una cabeza y unos 20 ó 30 kilos. La segunda, soy de los que piensan que las victorias se saborean más cuando en realidad has tenido que esforzarte al máximo para lograrlas. No me gusta que me regalen nada y no me gusta regalar nada tampoco.

En fin, aunque creo que esa anécdota es bastante ilustrativa para saber qué tipo de persona es Ken, no está de más compartir otra. Ken fue mi inspiración para empezar a correr maratones. Ya sé, ya sé, apenas he participado en dos, y mi excusa es que soy muy propenso a las lesiones en las piernas, lo que me ha impedido hacer más. También debo reconocer que últimamente la pereza me ha ganado la batalla y no me levanto a las 5:00 para entrenar como solía hacerlo antes. Es algo que pienso cambiar.

Pero bueno, volviendo a la historia de Ken, un día, después de un juego de squash, me contó que había participado en la Maratón de Boston. En ese entonces yo sabía muy poco acerca del mundo de las maratones, pero lo poco que sabía era suficiente para darme cuenta de que eso que Ken me estaba contando era toda una hazaña, por lo menos para mí. La Maratón de Boston es la más antigua carrera del mundo y una de las más populares y exigentes. Clasificar no es nada sencillo.

Y ahí estaba yo, hablando con alguien que había terminado una Maratón de Boston. Hasta ese entonces, yo creía que las maratones estaban reservadas para atletas de élite, que alguien como yo no tendría nunca oportunidad de participar en una maratón, y menos aún en la de Boston. Pero Ken había estado allí, había participado y la había terminado.

Ahora bien, Ken es un atleta. Mide 1.95 mt y debe pesar entre 90 y 95 kilos de puro músculo. En ese entonces, yo sólo jugaba squash. Nada más. No corría, no iba al gimnasio, nada. Pero pensé: si Ken pudo, yo también puedo. Si alguien como él, con todas sus habilidades, pero terrenal como yo, pudo afrontar y superar ese reto, yo también puedo. Y a partir de entonces, me di cuenta de que hay muchas otras cosas en la vida a las cuales renunciamos sin siquiera darnos la oportunidad de intentarlo, de demostrar si somos capaces o no. Y nos ponemos cadenas mentales, camisas de fuerza que son las que en realidad nos impiden aventurarnos a derribar murallas y obstáculos que estamos en capacidad de superar.

Es cierto, yo aún no he corrido la maratón de Boston. He corrido en las de Buenos Aires y Madrid. Pero hoy, aquí, me comprometo conmigo, con mi familia, con mi amigo Ken y contigo a que en Marzo de 2014 terminaré la Maratón de Boston. Y parto de cero, pues desde que nació Gabriela, mi hija menor, hace seis meses, que no salgo a correr, y además venía de un parón de casi tres meses. Así que me doy el 2013 para correr otra maratón en la cual obtener el tiempo clasificatorio necesario para estar en la de Boston en marzo de 2014.

Y así como Ken resultó siendo fuente de inspiración para que yo me propusiera correr maratones, quisiera yo también que al leer este artículo tú te dieras cuenta de que hay muchas cosas que eres capaz de sacar adelante en tu vida, con una actitud mental adecuada. El tema de este blog, por ejemplo: Ganar Dinero en la Internet. No hay que ser nadie del otro mundo para tener un negocio en internet con el cual puedas alcanzar la independencia financiera. Se requiere tan sólo determinación, enfoque, esfuerzo, dedicación y un sistema de trabajo que te permita alcanzar tus metas. En realidad eso es lo que se requiere para cualquier cosa en la vida en la que quieras triunfar, no importa si se trata de correr una maratón o de montar un negocio.

Me despido por hoy enviándole a Ken, desde la distancia, toda la fuerza para que salga de este trance en el que se encuentra y pueda reunirse con su mujer, sus hijos, sus padres, su hermana y sus amigos, para seguirles enseñando que la vida es una maravillosa oportunidad de demostrarnos que somos capaces de vencer cualquier adversidad, de superar cualquier obstáculo, de desterrar nuestros miedos.

Un abrazo fraternal para ti. Ánimo Ken!!

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Lamentablemente, Ken falleció a las pocas horas de haber publicado este artículo. Las muestras de cariño y de pesar que ha recibido la familia de Ken a través de Facebook son evidencia de que nos ha abandonado una persona muy especial. Ken fue un ejemplo para todos sus amigos, de cómo vivir la vida con el entusiasmo, la osadía y la sensatez que siempre lo caracterizaron. Te extrañaremos mucho amigo.

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